(Fondo: "Aquatarkus", Emerson, Lake & Palmer, 1971.)
Como
véis, estoy editando un libro. En la página izquierda, bajo el anagrama
del Coro, se consignarán los puntos a tratar. En cuanto se "pinche" en
ellos, se desarrollarán.
Es la primera vez que me dedico a estos
menesteres informáticos, y en verdad que al principio gusta, no es
complicado y casi resulta adictivo: te hipertrofias, te sube la
autoestima, se te trastoca la lengua y hablas en una jerga que sólo
unos pocos elegidos entienden y te consideras ya poco menos que un Bill
Gates cualquiera. Se siente uno más o menos así:
Pero pronto se cambia de la
nacionalidad norteamericana a la china, por la enorme paciencia que se
requiere. Y puede ser más difícil mantener la página en orden que
confeccionarla.
Me explico: debes de estar dispuesto a
recomenzar cuantas veces sean necesarias porque acaece con frecuencia
que, tras largas y esmeradas sesiones (a veces hasta altas horas de la
noche), acudes eufórico al día siguiente a ver el resultado, y ese
"encantado moro" que pulula por Internet (como antaño lo hacía por las
páginas de D. Quijote malogrando sus más esforzadas empresas), ha hecho
desaparecer las
imágenes, ha borrado párrafos, ha eliminado conexiones e hiperenlaces,
ha cambiado de versión los alojamientos llevándose con la antigua todo
lo hecho, ha coloreado los textos con unos colores "fosforitos",
chillones e infernales que dañan la vista y la autoestima, y otras
lindezas por el estilo.
Llega un momento en que uno piensa:"Paréceme,
señor caballero andante, que vuesa merced ha profesado una de las más
estrechas profesiones que hay sobre la Tierra, y tengo para mí que aun
la de los frailes cartujos no es tan estrecha". ("El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha", M. de Cervantes, Capítulo XIII).
Al
hilo de lo dicho, podemos considerar al genial Alberto Durero (1471 -
1528) como uno de los precursores de la Informática moderna.
En efecto,
este pintor, dibujante y grabador renacentista alemán supo anticiparse
a su tiempo y plasmar como nadie la forma en que se queda uno cuando
suceden estos percances:
Se
producen entonces graves crisis existenciales, se adopta una importante
expresión de estupidez, los ojos brillan y la pupila se dilata, casi se
diría que los colmillos crecen, se babea y se deja de creer en Dios.
Algo así:
Mas, tras serena reflexión y sosegado el ánimo, te dices, como D. Quijote, que"los males que no tienen fuerza para acabar la vida no han de tenerla para acabar la paciencia".
Y, sobre todo, no debemos defraudar al Coro "Alcazaba", así es que seguimos y seguiremos adelante, aunque sea lentamente.